domingo, 25 de septiembre de 2016

Contrastes.





Como ya me es habitual, la vida me enseña con ejemplos la  filosofía del vivir. Hoy circulando por Madrid he recibido otra lección de ejemplos de vida dada por un animal, un “peludo” de cuatro patas y de aspecto fiero –de raza boxer- y un padre en la 4ª década de su vida, -guía de su retoño – que iban ambos en sendas bicicletas.

Comienzo por la del padre “guía”:
Circulo por una avenida casi desierta de cuatro carriles (dos para cada dirección), me aproximo a un paso de peatones  (“cebra”) y observo que por la acera de la izquierda van dos ciclistas (el padre y su retoño), no parece que nada indique que vayan a cambiar de dirección, cuando repentinamente se lanzan a cruzar el paso de peatones sin poner pié a tierra como es preceptivo –puesto que si van montados son un vehículo, mientras que si van a pié son peatones-  justo en ese momento comienzo a cruzar a reducida velocidad  el paso en el tercer carril de distancia de ellos, cuando soy amonestado con gestos por el padre “guía”, mientras que le replico que no conocen el código de la circulación, -es toda la interacción que mantenemos- yo sigo la marcha y ellos siguen cruzando el paso de peatones sin apearse de la bicicleta.

¿Qué destaco de esta historia?
-Que el padre “guía” es un irresponsable, como “guía” de su retoño está más obligado a dar ejemplo de civismo, de buen conducirse y de saber observar el código de la circulación que está para cumplirlo (aún con las imperfecciones que tenga) por el bien común.
¿Qué ejemplo y enseñanza habrá sacado su hijo adolescente de su comportamiento? Cuando ese adolescente quiera sacarse el  permiso de conducción, observará que el que fue su guía, estaba completamente equivocado, y puede que piense ¿En cuántas cosas más, estará equivocado? Si más adelante lo respeta menos, quizá se deba a los malos ejemplos dados.

Después de este hecho, sigo mi ruta prevista y llego a otro paso de peatones –éste regulado por semáforo- está en ámbar intermitente para los vehículos, y empiezan a cruzar dos mujeres jóvenes con sus mascotas, una es un pequeño y cachazudo “peludo” y el otro el boxer.

Las mujeres siguen muy animadas en su conversación sin prestar excesiva atención a las mascotas que van sueltas, cuando van por la mitad de la calzada, el semáforo se pone verde para los vehículos, ellas siguen a lo suyo, el boxer se apresura a cruzar, pero mira para atrás y ve que el “cachazudo” perrillo sigue cruzando lentamente, y es cuando el boxer, preocupado por la seguridad del pequeño, se vuelve para darle escolta mientras no aparta su mirada de mi vehículo.
Yo permanezco a la espera de que terminen de cruzar las mascotas, sin meterles prisa, con calma, mientras observo la escena y el contraste que se me ofrece.
Una de las mujeres se da cuenta, y me da las gracias de palabra, la sonrío y sigo mi camino pensando que hoy un ser vivo supuestamente irracional es el único que ha sabido comportarse civilizadamente.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Motín en la sala de máquinas.





El ambiente es ensordecedor, los 120 decibelios "A" hacen la vida muy difícil, el estar siempre con la protección de los cascos puestos te agobian.

Aún en ese ambiente se pueden tener ilusiones de ascender –incluso sin salir de ese infierno-  se puede tener esa ilusión.

Se extiende la información de que uno del grupo va a ser ascendido sin oposición ni concurso, sólo con el designio del jefe de la nave.

Todos hacen quinielas sobre quién será el elegido.
Hay una persona que a juicio del grupo tiene muchas posibilidades: Moreno.

Esta persona es un tipo muy trabajador con una calidad en el trabajo excelente (se auto controla la calidad con los aparatos que pide prestados a los inspectores de calidad), es extremadamente popular.

Como digo, todas las quinielas prefieren a Moreno, es el ganador a excepción de uno mismo.

Llega el día de la promoción y nos reúnen para comunicárnoslo, después de un discurso de Panizo, éste nos dice el nombre.

No es Moreno, es el más impensable de todos nosotros, la promoción a caído sobre el mas vago, "canta mañanas" e inútil de todos nosotros.

El nombramiento cae tan mal que causa un motín.

De regreso a nuestras máquinas, la gente cae en una postración enorme, pasando de una depresión a una actitud agresiva, se amotinan y van a hablar con Panizo.
Le manifiestan que todos se sentían los candidatos idóneos, pero que de no ser así pensaron que sería Moreno.

Panizo reflexiona un momento y dirigiéndose al grupo pregunta a todos a la vez:
¿Si nombro a cualquiera de ustedes, creen que este hombre podría hacer el trabajo de ustedes con la misma eficacia?
La gente estupefacta, negó con la cabeza.
– Pues ya lo ven, yo tengo el deber de sacar la producción y por lo tanto obro en consecuencia.
– Ya verán como este compañero suyo que antes no era muy rentable (hay que reconocerlo) a partir de ahora les hará trabajar más y no les dejará respirar.

Ya en el puesto de trabajo, los estupefactos compañeros acabaron de explotar.

Acordaron no trabajar bajo las órdenes del nuevo "jefecillo".

Nombraron a una comisión que comunicó a Panizo la determinación del grupo de no aceptar su mando y por lo tanto no reanudaríamos el trabajo hasta que no nos cambiasen de jefe...

Algunos días después cambiaron de jefe y al nuevo lo trasladaron a prensas, pero ya con el grado consolidado.

Pienso ya en la distancia, que ese inmerecido y “digital” ascenso fue el pago de alguien que debía un favor a ese personaje, nunca supimos qué era lo que se le pagaba.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Vigencialismo, una nueva forma de esclavitud.






Hasta ahora conocemos lo que se entiende por consumismo, sabemos que existe en diferentes grados de intensidad y que en su máxima expresión llega a ser destructora para el medio ambiente y para el mismo ser humano.


Vengo desde hace tiempo ya reflexionando sobre un nuevo aspecto, una nueva forma que esclaviza a los seres humanos, lo tenía diagnosticado –aunque todavía no le había puesto nombre—por fín he encontrado un análisis de un erudito antropólogo que describe lo que había yo detectado y le ha puesto nombre: “Los que viven por y para la vigencia”, ergo son vigencialistas.[1]


Notaba la diferencia entre los consumistas de la moda, de la tecnología, del alimento y otras muchas facetas, todas asociadas pero con matices digamos “de pensamiento”.

En mi niñez se les llamaba “noveleros” por lo de novedad, amigos de todo lo nuevo y novedoso.

Pero he notado que ahora llevan un añadido “filosófico” y es lo que les ha señalado como un peligroso “programa malicioso”, y al ser ya un hábito en masas de gentes, crea un hábito esclavizante.


¿Cómo comienza y cuáles son sus síntomas? 


Comenzó con un inocente  aprecio por la novedad, que nos sorprendía como si fuera un nuevo juguete.

Comenzamos a interiorizar como positivos los mensajes que nos decían que lo antiguo está obsoleto, que es inválido y que no lo debíamos tener en cuenta.

Sólo la última versión es la mejor.

Tenemos que actualizar muy a menudo.


Comenzamos a ver normal el mensaje constante en nuestros aparatos electrónicos: “Espere, se está actualizando” o “Tiene 125 actualizaciones pendientes”, también “Lo sentimos, no se puede instalar porque su sistema no está actualizado”.



¿Cuáles sus consecuencias?

Todos estos mensajes forman ya parte de nuestra vida, ya los percibimos como “cosa natural y normal”, y ya está la sociedad preparada para la siguiente etapa: “La cultura del descarte”.

¿Estarán aprovechando esta etapa para meter de “contrabando programas maliciosos”?


Si rechazas esta forma de “ser”, es que no eres moderno, no estás actualizado, es decir no eres  vigente.


Por no ser vigente, no encuentras empleo, y te dirán  que te tienes que actualizar.


Quieren conseguir (y en ello trabajan) que todas las relaciones sean por medio de las redes tecnológicas (sin tener en cuenta a las poblaciones de personas mayores que no están “iniciadas en esos medios” es decir no son vigentes, y ya les han puesto nombre: las llaman “discapacitados esmartfónicos”, incluso ya se han ofrecido programas de cursos al efecto ¿nueva burbuja de cursos subvencionados?


Al paso que vamos, no me extrañaría que alguien recibiera alguno de estos mensajes o comunicados:

“Cámbiese de país, no está usted actualizado”.


Ya está vigente el “despido por causas objetivas", entre las que se encuentra: no estar adaptado al puesto de trabajo.


Por muchas razones, puedo decir que nos estamos adentrando en la dictadura del “vigencialismo” donde para sobrevivir tendrás que ser un vigencialista convencido y por consiguiente u esclavo de la vigencia, vestirás, y te actualizarás constantemente con un fervor de converso.


Amigos míos, se ha abierto una nueva paradoja ¿o no tan nueva?

Creo que tenemos mucho debate  por delante.

Creo entrever otras conexiones  entre esto que digo y otras cosas de actualidad, lo veremos…


[1] Luis Cencillo pág. 121  2º párrafo del libro El entramado de las creencias; Antropología diferencial de “mundos” dispares. (Ediciones Syntagma), El escéptico vive de la vigencia; y a ello puede asociarse el tener que vestir siempre prendas “de marca”, que es la expresión comercial de la vigencia. (Se les podría calificar de esclavos de la vigencia).

domingo, 11 de septiembre de 2016

Actualizando mi minimalismo





He observado que muchas entradas enlazadas en mi Tribuna de compañeros minimalistas de reconocido prestigio en su tiempo, no han resistido el paso del tiempo, -ni siquiera 5 años- han desaparecido o simplemente han puesto el dominio en venta, otras entradas han sido borradas por el autor, he tenido que editar mi post para no confundir a mis lectores. Ello me ha llevado a una reflexión: Tengo que iniciar una “actualización de mis entradas” ¿Cómo lo haré? Unas veces será entrando en mi post y editando el fallido enlace, otras con un nuevo post actualizado en información y criterio (si lo hubiera).

Uno es minimalista en el momento que se decide a practicarlo, pero la condición humana lleva muchas veces a cambiar,  matizar criterios, o incluso a rechazar abiertamente lo creído hasta entonces.

Todo esto es lícito, aunque es conveniente una reflexión y explicación del cambio, primero hacia uno mismo, y posteriormente compartirlo con los que en su momento lo leyeron.

Los seres humanos somos muy complejos, están los crédulos, los incrédulos, los creyentes críticos y los incrédulos críticos, eso muy básicamente. Respecto a los minimalistas, las mismas variedades o más, y todo determinado por las propias vivencias de cada uno.

Al mismo tiempo que repaso mis entradas viejas, repasaré la vigencia de los conceptos que vierto, en mí mismo y en mi propia vida –tal como ha evolucionado-  veremos si soy capaz de hacerlo, pero voy a intentarlo.

Comienzo y veo que sigue vigente en mí cuando dije:
[(…) por las razones económicas ya apuntadas soy un minimalista pobre, con muebles precisos, útiles para mis necesidades y reciclados de lo que tiran a la calle… El poco dinero de que dispongo lo invierto en cosas de calidad (zapatos y ropa, alimentos etcétera) dentro de mis posibilidades, pues minimalismo no es tacañería y avaricia… Si se dispone de dinero también se puede ser minimalista]

 Al día de hoy,  -y por efecto de   la enérgica política económica implementada- he conseguido el déficit cero, ahora mi objetivo es mantenerlo e incluso conseguir superávit.

[El vivir una vida sencilla nos hará más felices y menos dependientes y prisioneros de otros…
La felicidad es compartirla con los demás, cosa fácil teniendo en cuenta que la felicidad es contagiosa…]

Llegué a otras conclusiones:
[Innovación es el secreto, el nuevo “mantra” que nosotros los parados debemos asumir  –en aquella época yo era un parado-.
Digámoslo claro, el sistema ha fallado, nosotros con él también hemos fallado…
Si el sistema ha fallado y nosotros con él, pues innovemos, el sistema y nuestra vida.]

“Si la vida te da la espalda, tócale el culo”. Esto es INNOVACIÓN de vida y criterios…

En el post de un amigo, se pregunta: [“tienes miedo a arriesgarte. ¿De verdad que es tan bueno lo que tienes que te aterroriza perderlo? ¿Sigues siendo tan comodón como para esperar que las cosas cambien por sí solas?”]

A nosotros como parados, nos han dado ya resuelto esta pregunta, YA no tenemos NADA, nada perdemos por lo tanto, innovemos entonces…
Somos unos privilegiados, la vida nos ha evitado este miedo.

No sé si mi ejemplo os puede servir, ya lo estoy contando a través de mis intervenciones, yo he innovado mi vida, nada me dejó las crisis soportadas, me he rehecho, he innovado mis pensamientos, he puesto en duda muchas cosas, he “redecorado” mis pensamientos, sin miedo a lo desconocido…
Soy feliz y quiero que vosotros también lo seáis.

Los parados, estamos empezando de cero y tenemos que empezar por nuestra vida primero, después el que pueda con el resto.
No tengas miedo a ser diferente, porque ya lo eres. Eres único, así que puedes hacer cosas únicas. Diviértete viviendo. No lo hagas todo como lo hacen los demás sin haberte planteado como mínimo una vez si podría haber otra manera de hacerlo. Descubrirás que hay infinitas, que tu creatividad es ilimitada.
Invéntate tu vida :-D

Hablo siempre desde la experiencia de vida, nada que no haya comprobado en carne propia digo, por eso mismo hablo desde la unidad del hombre solo, sin pareja, sin hijos, solo afrontando el infortunio.
No puedo hablar del minimalismo en pareja, en familia. Todo lo enfoco desde la unidad de una persona sola frente a la adversidad de la vida, generalmente también sin ayuda humana.

Estas reflexiones y vivencias me han dado el motivo para crear una comunidad en Google, enfocada en la ayuda a una persona en presunta situación de próxima emergencia de supervivencia en nuestra sociedad, donde entro en el pequeño detalle del día a día como si de un manual de auto ayuda fuese.
Esta comunidad la creé como un experimento por ver su desarrollo y eficacia, es privada y para entrar se pide permiso de entrada (siempre lo doy) pero el sistema de google así lo determina, no puedes curiosear sin ser miembro, seas activo o no.
Si entráis en mi perfil de G+  la veréis allí, se llama  “Minimalismo para sobrevivir en la sociedad”.


jueves, 18 de agosto de 2016

Jubilados y hábitos.



¿Cómo afrontamos la jubilación?
Cada persona es un mundo, creo que no hay dos iguales, por esto mismo no hay dos jubilaciones iguales.
He estado un lustro preparándome para ésta (entonces hipotética) nueva etapa. Ya poseo el músculo necesario, y con la ayuda de Dios, espero culminar el plan establecido.

Un lustro de austeridad, me ha preparado para afrontar el futuro.

Sabido es que subir de escala se hace con agrado, pero bajar de nivel, eso duele mucho, ahora mi nivel no baja, si no que sube, no mucho, pero sube. Tendré más estabilidad económica, y lo que es más significativo una situación socio-económica definida. He traspasado el foso que me separaba de la sociedad, el foso de los “descartados” del sistema productivo,  ahora  estoy en el campo definido de los receptores de pensión, he entrado en el colectivo numeroso de “votantes de la tercera edad”.

Antes, cuando era del pelotón de los “descartados” no se me tenía en cuenta, pareciera que no fuera ni siquiera votante en las elecciones, como si no estuviera censado siquiera.

Mi interés ahora no es el de ocupar un tiempo de ocio, pues provengo de un lustro de forzado ocio.
Intuyo que esta nueva etapa producirá fruto abundante.

Ya he aportado toda la documentación que me requiere la administración, he firmado la petición de solicitud de jubilación tras 52 años de aportar al sistema de forma ininterrumpida.
Comienzo esta nueva etapa con serenidad, sabiduría y con el propósito y el ánimo presto, a caminar lo que me reste en salud y vitalidad hasta que Dios quiera.

Jubilados y hábitos.
Como digo más arriba son diversas las formas de afrontar esta etapa, salgo casi de modo habitual a leer y sobre todo a observarme a mi mismo en el espejo del prójimo jubilado, miro, observo y analizo los comportamientos y los hábitos de mis hermanos mayores en el nuevo paradigma.

Vengo desde hace unas semanas poniendo el foco de mi atención en una perra de caza y en su dueño.
Esta perra está así misma jubilada forzosa, pero mantiene el hábito de la caza que ha sido su vida en los últimos años, se llama Lula.
No deja  de señalar “posibles presas” a su compañero de cacería, que está absorto en mantener conversaciones con otras personas de edad del parque, un pequeño parque con pinos y otras plantas que sirven de solaz a personas jubiladas de distintos géneros y niños pequeños que juegan sin parar.
Como digo Lula no deja de señalar posibles presas, se queda inmóvil señalando con la punta del hocico y con la pata delantera flexionada en una posición que reconozco de las estampas de cacería que he visto. Nada la distrae, ni los niños que juegan alrededor, solo furtivas miradas al compañero cazador, (Lula no comprende cómo no dispara contra la presa señalada).

La observo, es capaz de pasarse inmóvil un buen rato, mientras el compañero sigue hablando. Se mueve alrededor del pino de gran porte, sigilosamente, no pierde de vista a la paloma torcaz objeto de su atención, con rápidas miradas al compañero le indica que está presta a saltar en pos de la presa cuando caiga por el disparo.

Pero el disparo no se produce, Lula lanza requisitorias miradas a su amo, no entiende cómo no dispara ya, es un blanco fácil y está inmóvil en una rama alta del pino.
Por fin  su amo (que no la pierde de vista ni un momento) por complacerla se levanta del banco, toma dos piedras pequeñas del suelo, y sin ánimo de hacer daño, las lanza sin fuerza hacia la dirección de la torcaz, con la sola intención de hacer que la paloma levante el vuelo.
Ésta cambia de árbol en un ágil vuelo, la perra inicia un desganado intento de carrera, no ha escuchado el disparo y desiste enseguida, devuelve al cazador una mirada  misericordiosa, como si comprendiera que la provecta edad de su dueño lo ha mermado.
Regresa junto a él y le dirige un acercamiento cariñoso, correspondido por su amo con una caricia.

Me acerco al cazador “jubilado”, acaricio a la perra y le pregunto si han cazado juntos en el pasado.
-Si, hemos ido a cazar mucho tiempo, pero ya la salud me impide salir al campo.
- ¿Qué edad tiene Lula? (le pregunto).
-Ocho años ya.
-Pues mantiene el hábito de la caza muy fuerte (le replico).
-Si, hasta en casa, dormida se le ve soñando con la caza.
-Nosotros cambiamos de hábitos por diversas circunstancias, pero al parecer los perros, no (le replico). Desde luego (apunto reflexivo) esta perra morirá haciendo que caza, debe de ser su instinto.

Me pregunto a mi mismo: ¿Cuál es el instinto del hombre?
Me respondo: “sobrevivir es el instinto básico del hombre”.
El perro cazador, solo cazar, y aunque ya no pueda, morirá cazador, creo que en su simpleza, solo ese es su instinto, pues no tiene el conocimiento de la trascendencia.
El hombre, (menos primario) tiene el instinto de sobrevivir, incluso más allá de la muerte del cuerpo caduco.
Cree en reencarnaciones, en paraísos, y al final de su vida, ve que todo ha sido “vanidad y dar golpes al viento” como dice Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.

Mi instinto es el señalado, trascender, mientras, disfruto con la observación de mí mismo, en el espejo de los demás jubilados, y aún me sorprendo de la complejidad del mundo.

sábado, 6 de agosto de 2016

Las bolas doradas de la aldea de los “hombres que siempre sonríen”






Amanece un día luminoso y fresco como muchos en ese valle fecundo que protegen unas montañas permanentemente nevadas, que rodean  el valle donde está la aldea de los conocidos “hombres que siempre sonríen”.

Sale como es su costumbre muy temprano hacia el lago para pescar y observar las montañas, captura algunos peces para el trueque (pues él es pescador).

Se siente pleno de vigor, el aire fresco le vivifica y le hace sentir muy bien, ha dormido de un tirón, y después del almuerzo se prepara para comenzar la jornada que le ha sido donada.

La vida en la aldea de los “hombres que siempre sonríen” es muy sencilla y agradable, viven en armonía  unos con otros y con la naturaleza misma.

Cada uno se dedica a lo que sabe, él por ejemplo se le da muy bien pescar, otros como el herrero es muy bueno forjando herramientas y utensilios para otros, están los que saben sembrar, cuidar ganados, cazar, hacer reparaciones o construir casas, todos se aplican a lo que entienden, y valoran mucho los conocimientos de los demás, nadie es más importante, todos son imprescindibles para todos, cada uno con sus dones y conocimientos, y el trueque o la ayuda mutua es su sistema de corresponder unos con otros.

Unos ayudarán a otros, como así mismo serán ayudados por otros, sencillo y  simple, pero les basta.

Las casas disponen de una cortina que le resguarda del exterior, de la luz o del viento, no hay puertas salvo unas cancelas de cañas para soportar las cortinas en días de mucho viento.

Estando observando los reflejos del Sol en el agua, ve que se ha producido un derrumbe en la orilla y se aprecia el reflejo de un objeto semi enterrado.
Se acerca curioso y destapa un poco más con las manos, es una caja vieja y muy robusta con recubrimiento de cuero, la arrastra hasta sitio seco y la abre no sin esfuerzo.

Es muy pesada para el tamaño que tiene. Una vez abierta, ve un montón de bolas doradas que ocupan la casi totalidad de la caja.
Toma una con los dedos y la observa al Sol, brilla como el mismo Sol, y se sorprende de que habiendo estado tanto tiempo enterradas, brillen tanto.
No se le ocurre qué puede ser ni para que servirán, pero son bonitas y con un tacto agradable, su peso para lo pequeñas que son, es grande, sorprende lo pesadas que resultan.

Decide meter en la bolsa de los cebos un puñado para verlas más tarde ya en su casa, ocultando tras unos matorrales la caja con el resto de bolas doradas.

Terminada la jornada de pesca, emprende el camino de vuelta sin dejar de pensar en para qué pueden servir las bolas doradas, quizás pregunte en la aldea al viejo que sabe mucho porque una vez salió fuera de la aldea de los “hombres que siempre sonríen”.

Ya en su casa, saca las bolas doradas del cesto de los cebos y las vuelve a mirar atentamente, es curioso cuanto más las mira más las aprecia y le gustan, cena y se acuesta a dormir, pero no para de pensar en el resto de la caja que escondió detrás de los arbustos, ¿Y si pasa otra persona y la coge?
Este pensamiento no le deja dormir.

Se promete ir nada más amanezca a por el resto de las bolas, pasan las horas lentamente, no parece que vaya a amanecer nunca (piensa para sí), se levanta para estar preparado, a la luz de una candela mira de nuevo su puñado de bolas, ¡qué bonitas son! Se dice a sí mismo, y cava un hoyo en el suelo y las guarda allí envueltas en una tela.

Apenas despunta el Sol en el horizonte, aún no canta el gallo, cuando ya se pone en camino con su carretilla y las redes, se encamina hacia su escondite.

No ha caminado 10 minutos cuando comienza a pensar ¿Y si alguien le ha visto como las metía en el hoyo?  No resiste la zozobra y vuelve sobre sus pasos, las saca y se las guarda con él en el zurrón.

No sabe que son, ni para qué sirven, pero tiene claro que alguien las puede codiciar tanto como él.

Llega a su destino, el corazón le late apresuradamente, mira tras el matorral y allí está la caja, mira a un lado y a otro, nadie, no parece haber nadie en los alrededores, carga apresuradamente la caja en la carretilla y la tapa con las redes de pesca.
El peso es considerable, la carretilla se hunde en el blando terreno, le cuesta una enormidad llegar hasta su casa, menos mal que no se ha cruzado con nadie.

Cierra las cortinas y se queda mirando la caja, piensa donde ponerla a salvo de miradas indiscretas, como nadie impide el paso a las casas, en cualquier momento puede entrar un vecino a tomar algo que le haga falta, ha visitarlo o cualquier otra cosa.
Tapa la caja bajo un montón de redes y se pone a excavar un hoyo en medio de la estancia.
Lo hace en silencio, solo con la pala, cuando está lo suficientemente profundo, arrastra la caja hasta el hoyo y la entierra, no sin antes sacar un puñado para observarlas tranquilamente, pone la cama encima y borra las huellas del arrastre de la  pesada caja.

Esa noche duerme tranquilo sabiendo que está encima de “su tesoro de bolas doradas”.

Otra luminosa mañana, se prepara el almuerzo y se dispone para irse a pescar algunos peces para  realizar algunos trueques, pues necesita pan y quizás algo de caza.

Estando en la faena, no para de pensar con preocupación que su “tesoro” está solo debajo de la cama.

Cuando ha pescado lo suficiente, regresa apresuradamente a  la aldea de los “hombres que siempre sonríen”.

Realiza el trueque del pan, no se entretiene en esperar la caza y se vuelve presto a su casa. Antes de llegar, cuando su casa se aprecia en la distancia, ve como una persona entra en ella.
El corazón casi se le para del susto, casi corriendo se precipita en la estancia, es un vecino que sale sonriendo con una herramienta en la mano, le saluda con efusividad y le dice que se lleva prestada la herramienta que la necesita, y de paso le invita a comer con su familia.

Inmóvil y bloqueado solo acierta a rechazar la invitación, pues tiene que hacer (se excusa).

Nada hay que indique otra cosa, pero esta visita le pone en guardia, necesita una puerta que cierre el paso, y las ventanas tendrá que asegurarlas (se dice a sí mismo) ¿Pero que excusa pondrá que no levante suspicacias en el vecindario, dado que nadie pone rejas en las ventanas y cierra puertas?

Estos pensamientos le impidieron dormir esa noche.

Por la mañana se encamina hasta la casa del herrero para encargarle una puerta y unas  rejas para las ventanas.
El herrero se extraña de este encargo y le dice:
-         ¿A que se debe esa resolución?
-         Es que anoche me entró una bestia salvaje y me dio un susto enorme (se inventó).
-         ¿Por qué no diste la alarma? Te hubiéramos auxiliado (replica el herrero)
-         No caí en ello, pero quiero estar seguro.
-         Te va costar mucho, hay que gastar mucho hierro y tiempo en hacer las rejas y la puerta.
-         No te preocupes, yo te daré lo que precises por el tiempo que me digas, pero tú hazlo.

El herrero se pone a la tarea, sin dejar los otros encargos, que todos son importantes para él. 
Mientras, el pescador redobla los esfuerzos en las tareas de la pesca y además se ocupa de ayudar a otros para conseguir más trueques para pagar al herrero.

El trabajo le abruma, está muy cansado y además duerme muy mal pensando en “su tesoro”.
Un día piensa ¿Y si le ofrezco unas bolas doradas al herrero para no tener que trabajar tanto? Es posible que también le gusten (se dice).

Rechaza esa idea, pues el herrero pensará que tiene más y que por eso quiere las rejas.

Comienza a ser consciente que los vecinos empiezan a murmurar sobre el porqué tanto trabajar para pagar al herrero, (y si se sabe que he pagado al herrero con algo que no sea trueque, lo mismo pueden hasta matarme para quitarme las bolas doradas, se dice así mismo) este pensamiento le aterroriza.

Ya ha conseguido la puerta y las rejas, ya tiene blindada su casa, nadie puede entrar a quitarle  “su tesoro”.
Como sigue debiendo al herrero su trabajo, se emplea también con él en la forja además de trabajar con el constructor de casas.

Ha pasado mucho tiempo desde que encontró las bolas doradas, ya apenas sale que no sea para trabajar para pagar lo que debe.
Añora los tiempos en que era feliz y sonreía, ahora en la aldea de los “hombres que siempre sonríen” hay uno que hace tiempo ya que no lo hace.

Ha sido la fiesta grande de la aldea de los “hombres que siempre sonríen”, pero él no asiste, se ha quedado en casa mirando el puñado de bolas doradas y pensando en la caja donde tiene más, pues se dice ¿Cómo me voy a ir y dejar las bolas sin custodia?

Una noche, no sabe a qué es debido, sintió un dolor enorme en el pecho, intentó gritar y no le salía apenas voz,  intentó levantarse  y calló al suelo, tuvo los reflejos de esconder las bolas doradas que tenía en la mano entre las redes y se desmayó.

Ya han pasado tres días,  nadie le había visto salir a pescar, en sus trabajos se extrañaron que el obsesivo ayudante no apareciera, se encaminaron a su casa para preguntarle.
La puerta estaba cerrada lo mismo que las ventanas, los vecinos se preguntaban qué le habría ocurrido, el herrero dijo que a él le había dicho que le entraron unas bestias salvajes y es por lo que puso las rejas y la puerta; mientras, él permanecía inmóvil tirado en el suelo. 
Ya se iban, cuando un vecino creyó verlo caído en el suelo.

No pueden entrar a auxiliarlo debido a las fuertes rejas y la resistente puerta, el herrero con el beneplácito del resto de sus vecinos se empleó a fondo en penetrar en la casa, lo sacaron desvanecido y si apenas vida.

Un vecino lo llevó a su casa donde lo cuidó hasta que se recuperó del todo.

Durante la convalecencia, tuvo mucho tiempo para pensar en lo que le había sucedido.

Una vez repuesto, se volvió a su casa. 
Esa mañana habló con el herrero y le pidió que quitara la puerta y las rejas, y que se quedara con el hierro, que seguiría pagándole hasta terminar todo lo que le debía.
Volvió a poner las cortinas y la cancela de cañas.
Al día siguiente, por la mañana temprano desenterró la caja puso dentro el puñado de bolas (menos una) y la cargó en la carretilla tapándolas con las redes, encaminándose por un camino apartado y con destino lejano a la aldea de los “hombres que siempre sonríen”.

Al cabo de bastante camino, encontró una cueva profunda que fue morada de osos, allí cavó un hoyo y metió las caja dentro, enterrándola.

Pensó que quizás otra desafortunada persona que también  encontró las bolas doradas,  hizo lo mismo que él y las enterró donde él  las encontró, pero que esta vez esperaba que nadie la encontrara otra vez.

Regresó a la aldea de los “hombres que siempre sonríen” y ya si eran todos los que sonreían otra vez.

La bola dorada que se quedó, la traspasó con un pelo de caballo y se la colgó al cuello, cuando le preguntaban  qué significaba, el respondía:
-         Es para que me recuerde algo que no debió de suceder.



domingo, 31 de julio de 2016

Testimonio de un minimalista



Comencé con el minimalismo como una venganza contra el sistema que me descartaba del sistema productivo y de consumo.

Aunque era una reacción humanamente comprensible, no era buena para mi espíritu y desarrollo como ser humano, pues era un sentimiento de venganza.

Sí eran buenas sin embargo las acciones emprendidas: la austeridad implementada por ejemplo.

Trajo orden en el caos del día a día, ajustó las necesidades a las reales y me liberó de las cadenas de necesidades falsas, implantadas por otros intereses ajenos a mi felicidad.

El uso de técnicas de reciclado obligado, hizo que creciera en el poder de la reflexión y de la inventiva.

Analicé, comparé y busqué en libros y escritos antiguos, experiencias similares, y en todos los tiempos las cadenas eran similares y las consecuencias parecidas.

No son un error de ahora, es un error sin tiempo definido, es viejo  como el hombre mismo.

No hemos cambiado nada, solo lo hemos modernizado algo, y al cometer las mismas acciones, obtenemos los mismos resultados.


He sido testigo del amor entre tres amigos, se reúnen y se intercambian regalos (los tres cumplen años en el mismo mes) la escena es de lo más entrañable, intercambio de presentes y de abrazos.

Nada que objetar, es bueno y agradable el evento, pero lo curioso es el pensamiento que me suscitó la escena.

Yo, que no estaba implicado y era solo un observador, cuando observé los regalos (dos libros de gran presencia por su encuadernación, no conozco el contenido y no puedo valorar eso, y una magnífica foto en blanco y negro,  enmarcada) me vino un pensamiento, en una rápida imagen vi como se trocaban  los regalos en sendos grilletes pulidos y con arabescos de adorno, pero grilletes, cadenas que arrastrarían toda la vida.
Cuando pasen años, esos regalos estarán ahí, ocupando un espacio, sin ninguna posibilidad de deshacerse de ellos sin daño, en las frecuentes migraciones que éstos tres amigos harán previsiblemente en el futuro, esos regalos manifestarán toda “su presencia”.

Cada regalo que aceptamos, es un hilo que te sujeta como las finísimas cuerdas con que ataban a Gulliver  en el país de los enanos, una sola la puedes romper, muchas te inmovilizan.

Entre otras consideraciones, ésta es una por la que he roto personalmente con los regalos físicos, mi experiencia (ya contada otras veces aquí) con las cadenas físicas que arrastro, es el motivo de mi radical y no siempre completamente entendida, aunque sí aceptada, pues el quedar liberados de hacer gastos tranquiliza mucho y anima a “comprender” al prójimo.

Sé de personas que han adoptado un sistema alternativo, curioso aunque algo complejo: “El regalo regalado a su vez”.

Esto consiste (sin complejo ninguno, aunque manteniendo el secreto entre implicados) en regalar esa “cadena de regalo” a otro, con lo cual te desprendes de ella y quedas bien con otro.
Pero hay un pero, si por casualidad te pillan, estás perdido.

También puedes hacer como la persona que me inspiró: “Es que  en ese momento estaba pasando por unos momentos terribles de penuria económica, ¡No sabes cuanto me dolió desprenderme de tu regalo!

domingo, 17 de julio de 2016

Arma letal




https://www.google.es/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwiIwZ2KoPrNAhVBvBoKHRgbAkgQjRwIBw&url=http%3A%2F%2Fwww.clasf.co.ve%2Fq%2Fvigas-doble-t-de-8-cm%2F&psig=AFQjCNGloDCTjqQ01RIczTFKQQD4drUrXg&ust=1468836341907717


Hoy me he levantado con un dolor punzante en la espalda, lo achaco a un “gas” interno que anda presionando en busca de salida (que espero que la encuentre pronto).
 Los olores como el resto de sensaciones  del cuerpo (incluido el dolor) nos retrotraen a periodos pasados donde sufrimos parecidas sensaciones, éste hoy me retrotrae a un pasado lejano ya, los 18 años recién cumplidos, cuando me incorporé al departamento de cerrajería de una empresa multidisciplinar.
Era yo por entonces un joven dispuesto, pero blando de músculo, dado que el único deporte que hice fue el jugar en el barrio con los niños, y mis trabajos anteriores fueron menos exigentes con esta necesidad de músculo.

Me asignan como ayudante de un hombre de aspecto simiesco, de largos brazos y occipucio plano (era una característica muy repetida esta del occipucio plano) era un tipo muy productivo, al que apodaban “el hombre máquina” (de ahí su apodo), se decía que donde había un duro hasta el pellejo se dejaba por conseguirlo.
Es curiosa la percepción de la gente para  los demás, les suelen medir con su propia vara, esto le lleva a equivocarse bastante.
¿Acaso sabían de las necesidades económicas de aquel hombre?
¿Conocían de antemano sus problemas personales?, el hombre maquina vestía pobremente y no tenía ningún signo de lujo como un buen reloj o unos buenos zapatos. También podía ser que sufriera algún tipo de anomalía mental, tal que una avaricia incontenible… pero esto ya son especulaciones que no podemos probar, creo que posiblemente eran crueles e injustos con él.

Me asignan como su ayudante como he dicho, trabajo fino, teníamos que enderezar varios camiones de vigas doble T de 150mm.
Me ordenan que vaya al almacén y saque un porrillo de 9.
El hombre del almacén me entrega un mazo de esos de romper aceras.
- ¡Oiga le he pedido un porrillo de 9! le reclamo al tío del almacén.
- Esto es un porrillo de 9.
Miro el mazo y pone: tara 9 kilos.
Me largo con el mazo, cuando estoy en el tajo se lo largo al oficial y le digo:
-Tenga, el porrillo que quería.
- No, ese es para ti, donde yo golpee con mi martillo, golpea fuerte con el tuyo.

El oficial golpea la viga con un martillo pequeño que no debía de pesar más de 300 gramos y yo golpeo con el mazo.
- ¡Mas fuerte niño!
- ¡No puedo mas! exclamo extenuado.
Seis horas más tarde (o dos camiones de vigas más tarde), apenas tengo fuerzas para sonarme la nariz.

El mazo aquel, al golpear la viga, rebotaba y subía a veces sin control yendo a parar a mi ya castigado hombro, agravando el problema.

El castigo duró tres días, no lo debí hacer lo suficientemente mal, puesto que seguí de "machaca" de aquel animal.

Sobre-montantes, puertas, dinteles y soldaduras varias.
Han pasado meses de trabajo “fino”, lo único que he ganado es musculatura, casi me tienen que declarar "arma letal" el cambio significativo es que dejé los sándwich por los bocadillos mas consistentes.

El trabajo en ese departamento era de los más duros de la factoría (lo sé porque pasé por todos ellos).
¡Cuantos recuerdos atesoro de entonces!
Es curiosa la memoria del hombre, incluso las penalidades se subliman con el tiempo, lo que ayer nos espantaba, hoy nos arranca una sonrisa.

Lo que sí saqué son (además de músculo) enseñanzas de vida, para una vida que acababa de empezar, que partía de una mente virgen que se iba a forjar en aquellos momentos.

jueves, 14 de julio de 2016

Sectarismo aplicado.



Uno de lo defectos más  perniciosos de la sociedad es el sectarismo militante, uno lo puede intuir, pero sólo cuando lo padeces en persona, es cuando te das cuenta de la gravedad y trascendencia de éste defecto.
La lección magistral, me fue administrada hace ya bastantes décadas.
Os lo cuento tal como me sucedió cuando era un joven trabajador que creía en la bondad de la gente y estaba lleno de ilusión y algo temeroso ante la nueva experiencia que suponía el entrar en una factoría de primer orden con miles de empleados.

De cuando me confundieron con otra persona.
Recién ingresado en plantilla me presentan a mis compañeros de taller... no ha pasado ni siquiera un mes, y mis colegas son de lo mas amable que se pueda pedir.
Se afanan en enseñarme, los jefes me dan trabajos cómodos y muy rentables, en la hora del bocadillo rivalizan mis compañeros entre ellos para que me siente a su mesa, a la hora de pagar el café, siempre me lo encuentro pagado, esto dura ya dos meses.
Un día comienzan también a interesarse por mi padre, que como le va en el trabajo, etc.
Una de las veces al contestarles que ahora estaba durmiendo, me dicen que si ahora trabaja de noche.
- Siempre trabaja de noche, les contesto, (mi padre trabajaba de panadero y el trabajo siempre era de noche).
- ¿Como es posible? si nunca le gustó.
En días sucesivos me preguntan directamente como se llama mi padre, se lo digo y me contestan:
 - ¿No vives en la calle tal?
- No, nosotros siempre hemos vivido en la calle tal cual.
- ¿Pero tu padre no es de Guadalajara?
- No mi padre es de Granada...
Fin de todo lo que se dio...

Desde ese momento el café me lo pago yo, la mesa me la busco yo, y de enseñanza, ayudas y trabajos cómodos y rentables nada de nada.
Parece que me confundieron con el hijo de alguien, pero el cambio fue tan brusco, pasaron de camaradas a casi enemigos.

Han pasado muchos años y el lugar de estos acontecimientos ya no existe, “una ciudad de 5000 habitantes” que conformaba esta factoría.
¿Qué pasó?
No fue una tormenta ni un sismo, murió de una enfermedad que se contrae al ser sectario hasta el extremo que  lo era, murieron de “endogamia”.
Al excluir a todo el que no era de su secta, formaron un batallón de contrarios desafectos a su secta, y éste fue el comienzo de su fin.

lunes, 11 de julio de 2016

Minimizando el Ego





He notado que todos (incluidos los minimalistas) tenemos un ego desmedido.
Como personas normales que somos los minimalistas, también disponemos de eso, y en cantidad.
Constato como hemos minimizado mucho en nuestra vida, somos o vamos camino de ser más felices que lo normal debido a la minimización o austeridad en la posesión de las cosas y en el desapego a las cosas.
Pero…
Me doy cuenta que algo está creciendo por encima de lo permisible, al menos de lo razonable; que le crezca a quien no es minimalista, es un daño colateral de ser compulsivo en el poseer, pero que le crezca a un minimalista, eso es algo que nos debe alarmar, tenemos que domeñar ese crecimiento exponencial de nuestro ego.

Todos deseamos tener buena reputación pública, ser amados, seguidos, tenidos por unos “gurús” del minimalismo, y para ello algunos adoptan técnicas de marketing en sus listas de correo, como mandarte una entradilla y un enlace al sitio original, como forma de crear tráfico a su sitio, que es igual a que aumente la reputación de ese sitio web, es decir que alimente el EGO.

Debemos practicar la generosidad para  con los demás, dando gratis lo que gratis hemos recibido. Sí, lo recibimos gratis cuando nuestro discernimiento nos dio ese conocimiento de las bondades del minimalismo, conocimientos que nos fue legado por inspiración o por mimetización de otra persona que lo hizo antes que nosotros.

Si nos “alimentamos” de seguidores, de entradas a nuestro sitio web o de los comentarios en el post, nos estaremos fallando a nosotros y a nuestra “inspiración”. Que nos aumentan los seguidores, ¡magnifico! Que nos entran muchos, ¡mejor! Pero que sea por el contenido fácilmente asequible y “gratis”, que no tenga que pagar con un “clic” en nuestro sitio web, o al menos que eso no nos importe.

Por lo dicho:
·       Rechazo el correo que solo es una entradilla al sitio web al que me suscribí.
·       Y para mantener mi ego en su tamaño recomendable, seguiré mandando a mis suscriptores por email la entrada completa (incluida foto si la hay) aunque ello me reste entradas a la página.

Tanto están proliferando estas formas de suscriciones con “trampa” que están dando mala fama a las suscriciones por correo.
Si te suscribes a mi web por correo, ten por seguro que te llegará TODO íntegro. 
Siempre mi Ego se alegrará de tus comentarios, seguimientos o entradas, pero no temas, yo me alimento de otras cosas también.