jueves, 18 de agosto de 2016

Jubilados y hábitos.



¿Cómo afrontamos la jubilación?
Cada persona es un mundo, creo que no hay dos iguales, por esto mismo no hay dos jubilaciones iguales.
He estado un lustro preparándome para ésta (entonces hipotética) nueva etapa. Ya poseo el músculo necesario, y con la ayuda de Dios, espero culminar el plan establecido.

Un lustro de austeridad, me ha preparado para afrontar el futuro.

Sabido es que subir de escala se hace con agrado, pero bajar de nivel, eso duele mucho, ahora mi nivel no baja, si no que sube, no mucho, pero sube. Tendré más estabilidad económica, y lo que es más significativo una situación socio-económica definida. He traspasado el foso que me separaba de la sociedad, el foso de los “descartados” del sistema productivo,  ahora  estoy en el campo definido de los receptores de pensión, he entrado en el colectivo numeroso de “votantes de la tercera edad”.

Antes, cuando era del pelotón de los “descartados” no se me tenía en cuenta, pareciera que no fuera ni siquiera votante en las elecciones, como si no estuviera censado siquiera.

Mi interés ahora no es el de ocupar un tiempo de ocio, pues provengo de un lustro de forzado ocio.
Intuyo que esta nueva etapa producirá fruto abundante.

Ya he aportado toda la documentación que me requiere la administración, he firmado la petición de solicitud de jubilación tras 52 años de aportar al sistema de forma ininterrumpida.
Comienzo esta nueva etapa con serenidad, sabiduría y con el propósito y el ánimo presto, a caminar lo que me reste en salud y vitalidad hasta que Dios quiera.

Jubilados y hábitos.
Como digo más arriba son diversas las formas de afrontar esta etapa, salgo casi de modo habitual a leer y sobre todo a observarme a mi mismo en el espejo del prójimo jubilado, miro, observo y analizo los comportamientos y los hábitos de mis hermanos mayores en el nuevo paradigma.

Vengo desde hace unas semanas poniendo el foco de mi atención en una perra de caza y en su dueño.
Esta perra está así misma jubilada forzosa, pero mantiene el hábito de la caza que ha sido su vida en los últimos años, se llama Lula.
No deja  de señalar “posibles presas” a su compañero de cacería, que está absorto en mantener conversaciones con otras personas de edad del parque, un pequeño parque con pinos y otras plantas que sirven de solaz a personas jubiladas de distintos géneros y niños pequeños que juegan sin parar.
Como digo Lula no deja de señalar posibles presas, se queda inmóvil señalando con la punta del hocico y con la pata delantera flexionada en una posición que reconozco de las estampas de cacería que he visto. Nada la distrae, ni los niños que juegan alrededor, solo furtivas miradas al compañero cazador, (Lula no comprende cómo no dispara contra la presa señalada).

La observo, es capaz de pasarse inmóvil un buen rato, mientras el compañero sigue hablando. Se mueve alrededor del pino de gran porte, sigilosamente, no pierde de vista a la paloma torcaz objeto de su atención, con rápidas miradas al compañero le indica que está presta a saltar en pos de la presa cuando caiga por el disparo.

Pero el disparo no se produce, Lula lanza requisitorias miradas a su amo, no entiende cómo no dispara ya, es un blanco fácil y está inmóvil en una rama alta del pino.
Por fin  su amo (que no la pierde de vista ni un momento) por complacerla se levanta del banco, toma dos piedras pequeñas del suelo, y sin ánimo de hacer daño, las lanza sin fuerza hacia la dirección de la torcaz, con la sola intención de hacer que la paloma levante el vuelo.
Ésta cambia de árbol en un ágil vuelo, la perra inicia un desganado intento de carrera, no ha escuchado el disparo y desiste enseguida, devuelve al cazador una mirada  misericordiosa, como si comprendiera que la provecta edad de su dueño lo ha mermado.
Regresa junto a él y le dirige un acercamiento cariñoso, correspondido por su amo con una caricia.

Me acerco al cazador “jubilado”, acaricio a la perra y le pregunto si han cazado juntos en el pasado.
-Si, hemos ido a cazar mucho tiempo, pero ya la salud me impide salir al campo.
- ¿Qué edad tiene Lula? (le pregunto).
-Ocho años ya.
-Pues mantiene el hábito de la caza muy fuerte (le replico).
-Si, hasta en casa, dormida se le ve soñando con la caza.
-Nosotros cambiamos de hábitos por diversas circunstancias, pero al parecer los perros, no (le replico). Desde luego (apunto reflexivo) esta perra morirá haciendo que caza, debe de ser su instinto.

Me pregunto a mi mismo: ¿Cuál es el instinto del hombre?
Me respondo: “sobrevivir es el instinto básico del hombre”.
El perro cazador, solo cazar, y aunque ya no pueda, morirá cazador, creo que en su simpleza, solo ese es su instinto, pues no tiene el conocimiento de la trascendencia.
El hombre, (menos primario) tiene el instinto de sobrevivir, incluso más allá de la muerte del cuerpo caduco.
Cree en reencarnaciones, en paraísos, y al final de su vida, ve que todo ha sido “vanidad y dar golpes al viento” como dice Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.

Mi instinto es el señalado, trascender, mientras, disfruto con la observación de mí mismo, en el espejo de los demás jubilados, y aún me sorprendo de la complejidad del mundo.

sábado, 6 de agosto de 2016

Las bolas doradas de la aldea de los “hombres que siempre sonríen”






Amanece un día luminoso y fresco como muchos en ese valle fecundo que protegen unas montañas permanentemente nevadas, que rodean  el valle donde está la aldea de los conocidos “hombres que siempre sonríen”.

Sale como es su costumbre muy temprano hacia el lago para pescar y observar las montañas, captura algunos peces para el trueque (pues él es pescador).

Se siente pleno de vigor, el aire fresco le vivifica y le hace sentir muy bien, ha dormido de un tirón, y después del almuerzo se prepara para comenzar la jornada que le ha sido donada.

La vida en la aldea de los “hombres que siempre sonríen” es muy sencilla y agradable, viven en armonía  unos con otros y con la naturaleza misma.

Cada uno se dedica a lo que sabe, él por ejemplo se le da muy bien pescar, otros como el herrero es muy bueno forjando herramientas y utensilios para otros, están los que saben sembrar, cuidar ganados, cazar, hacer reparaciones o construir casas, todos se aplican a lo que entienden, y valoran mucho los conocimientos de los demás, nadie es más importante, todos son imprescindibles para todos, cada uno con sus dones y conocimientos, y el trueque o la ayuda mutua es su sistema de corresponder unos con otros.

Unos ayudarán a otros, como así mismo serán ayudados por otros, sencillo y  simple, pero les basta.

Las casas disponen de una cortina que le resguarda del exterior, de la luz o del viento, no hay puertas salvo unas cancelas de cañas para soportar las cortinas en días de mucho viento.

Estando observando los reflejos del Sol en el agua, ve que se ha producido un derrumbe en la orilla y se aprecia el reflejo de un objeto semi enterrado.
Se acerca curioso y destapa un poco más con las manos, es una caja vieja y muy robusta con recubrimiento de cuero, la arrastra hasta sitio seco y la abre no sin esfuerzo.

Es muy pesada para el tamaño que tiene. Una vez abierta, ve un montón de bolas doradas que ocupan la casi totalidad de la caja.
Toma una con los dedos y la observa al Sol, brilla como el mismo Sol, y se sorprende de que habiendo estado tanto tiempo enterradas, brillen tanto.
No se le ocurre qué puede ser ni para que servirán, pero son bonitas y con un tacto agradable, su peso para lo pequeñas que son, es grande, sorprende lo pesadas que resultan.

Decide meter en la bolsa de los cebos un puñado para verlas más tarde ya en su casa, ocultando tras unos matorrales la caja con el resto de bolas doradas.

Terminada la jornada de pesca, emprende el camino de vuelta sin dejar de pensar en para qué pueden servir las bolas doradas, quizás pregunte en la aldea al viejo que sabe mucho porque una vez salió fuera de la aldea de los “hombres que siempre sonríen”.

Ya en su casa, saca las bolas doradas del cesto de los cebos y las vuelve a mirar atentamente, es curioso cuanto más las mira más las aprecia y le gustan, cena y se acuesta a dormir, pero no para de pensar en el resto de la caja que escondió detrás de los arbustos, ¿Y si pasa otra persona y la coge?
Este pensamiento no le deja dormir.

Se promete ir nada más amanezca a por el resto de las bolas, pasan las horas lentamente, no parece que vaya a amanecer nunca (piensa para sí), se levanta para estar preparado, a la luz de una candela mira de nuevo su puñado de bolas, ¡qué bonitas son! Se dice a sí mismo, y cava un hoyo en el suelo y las guarda allí envueltas en una tela.

Apenas despunta el Sol en el horizonte, aún no canta el gallo, cuando ya se pone en camino con su carretilla y las redes, se encamina hacia su escondite.

No ha caminado 10 minutos cuando comienza a pensar ¿Y si alguien le ha visto como las metía en el hoyo?  No resiste la zozobra y vuelve sobre sus pasos, las saca y se las guarda con él en el zurrón.

No sabe que son, ni para qué sirven, pero tiene claro que alguien las puede codiciar tanto como él.

Llega a su destino, el corazón le late apresuradamente, mira tras el matorral y allí está la caja, mira a un lado y a otro, nadie, no parece haber nadie en los alrededores, carga apresuradamente la caja en la carretilla y la tapa con las redes de pesca.
El peso es considerable, la carretilla se hunde en el blando terreno, le cuesta una enormidad llegar hasta su casa, menos mal que no se ha cruzado con nadie.

Cierra las cortinas y se queda mirando la caja, piensa donde ponerla a salvo de miradas indiscretas, como nadie impide el paso a las casas, en cualquier momento puede entrar un vecino a tomar algo que le haga falta, ha visitarlo o cualquier otra cosa.
Tapa la caja bajo un montón de redes y se pone a excavar un hoyo en medio de la estancia.
Lo hace en silencio, solo con la pala, cuando está lo suficientemente profundo, arrastra la caja hasta el hoyo y la entierra, no sin antes sacar un puñado para observarlas tranquilamente, pone la cama encima y borra las huellas del arrastre de la  pesada caja.

Esa noche duerme tranquilo sabiendo que está encima de “su tesoro de bolas doradas”.

Otra luminosa mañana, se prepara el almuerzo y se dispone para irse a pescar algunos peces para  realizar algunos trueques, pues necesita pan y quizás algo de caza.

Estando en la faena, no para de pensar con preocupación que su “tesoro” está solo debajo de la cama.

Cuando ha pescado lo suficiente, regresa apresuradamente a  la aldea de los “hombres que siempre sonríen”.

Realiza el trueque del pan, no se entretiene en esperar la caza y se vuelve presto a su casa. Antes de llegar, cuando su casa se aprecia en la distancia, ve como una persona entra en ella.
El corazón casi se le para del susto, casi corriendo se precipita en la estancia, es un vecino que sale sonriendo con una herramienta en la mano, le saluda con efusividad y le dice que se lleva prestada la herramienta que la necesita, y de paso le invita a comer con su familia.

Inmóvil y bloqueado solo acierta a rechazar la invitación, pues tiene que hacer (se excusa).

Nada hay que indique otra cosa, pero esta visita le pone en guardia, necesita una puerta que cierre el paso, y las ventanas tendrá que asegurarlas (se dice a sí mismo) ¿Pero que excusa pondrá que no levante suspicacias en el vecindario, dado que nadie pone rejas en las ventanas y cierra puertas?

Estos pensamientos le impidieron dormir esa noche.

Por la mañana se encamina hasta la casa del herrero para encargarle una puerta y unas  rejas para las ventanas.
El herrero se extraña de este encargo y le dice:
-         ¿A que se debe esa resolución?
-         Es que anoche me entró una bestia salvaje y me dio un susto enorme (se inventó).
-         ¿Por qué no diste la alarma? Te hubiéramos auxiliado (replica el herrero)
-         No caí en ello, pero quiero estar seguro.
-         Te va costar mucho, hay que gastar mucho hierro y tiempo en hacer las rejas y la puerta.
-         No te preocupes, yo te daré lo que precises por el tiempo que me digas, pero tú hazlo.

El herrero se pone a la tarea, sin dejar los otros encargos, que todos son importantes para él. 
Mientras, el pescador redobla los esfuerzos en las tareas de la pesca y además se ocupa de ayudar a otros para conseguir más trueques para pagar al herrero.

El trabajo le abruma, está muy cansado y además duerme muy mal pensando en “su tesoro”.
Un día piensa ¿Y si le ofrezco unas bolas doradas al herrero para no tener que trabajar tanto? Es posible que también le gusten (se dice).

Rechaza esa idea, pues el herrero pensará que tiene más y que por eso quiere las rejas.

Comienza a ser consciente que los vecinos empiezan a murmurar sobre el porqué tanto trabajar para pagar al herrero, (y si se sabe que he pagado al herrero con algo que no sea trueque, lo mismo pueden hasta matarme para quitarme las bolas doradas, se dice así mismo) este pensamiento le aterroriza.

Ya ha conseguido la puerta y las rejas, ya tiene blindada su casa, nadie puede entrar a quitarle  “su tesoro”.
Como sigue debiendo al herrero su trabajo, se emplea también con él en la forja además de trabajar con el constructor de casas.

Ha pasado mucho tiempo desde que encontró las bolas doradas, ya apenas sale que no sea para trabajar para pagar lo que debe.
Añora los tiempos en que era feliz y sonreía, ahora en la aldea de los “hombres que siempre sonríen” hay uno que hace tiempo ya que no lo hace.

Ha sido la fiesta grande de la aldea de los “hombres que siempre sonríen”, pero él no asiste, se ha quedado en casa mirando el puñado de bolas doradas y pensando en la caja donde tiene más, pues se dice ¿Cómo me voy a ir y dejar las bolas sin custodia?

Una noche, no sabe a qué es debido, sintió un dolor enorme en el pecho, intentó gritar y no le salía apenas voz,  intentó levantarse  y calló al suelo, tuvo los reflejos de esconder las bolas doradas que tenía en la mano entre las redes y se desmayó.

Ya han pasado tres días,  nadie le había visto salir a pescar, en sus trabajos se extrañaron que el obsesivo ayudante no apareciera, se encaminaron a su casa para preguntarle.
La puerta estaba cerrada lo mismo que las ventanas, los vecinos se preguntaban qué le habría ocurrido, el herrero dijo que a él le había dicho que le entraron unas bestias salvajes y es por lo que puso las rejas y la puerta; mientras, él permanecía inmóvil tirado en el suelo. 
Ya se iban, cuando un vecino creyó verlo caído en el suelo.

No pueden entrar a auxiliarlo debido a las fuertes rejas y la resistente puerta, el herrero con el beneplácito del resto de sus vecinos se empleó a fondo en penetrar en la casa, lo sacaron desvanecido y si apenas vida.

Un vecino lo llevó a su casa donde lo cuidó hasta que se recuperó del todo.

Durante la convalecencia, tuvo mucho tiempo para pensar en lo que le había sucedido.

Una vez repuesto, se volvió a su casa. 
Esa mañana habló con el herrero y le pidió que quitara la puerta y las rejas, y que se quedara con el hierro, que seguiría pagándole hasta terminar todo lo que le debía.
Volvió a poner las cortinas y la cancela de cañas.
Al día siguiente, por la mañana temprano desenterró la caja puso dentro el puñado de bolas (menos una) y la cargó en la carretilla tapándolas con las redes, encaminándose por un camino apartado y con destino lejano a la aldea de los “hombres que siempre sonríen”.

Al cabo de bastante camino, encontró una cueva profunda que fue morada de osos, allí cavó un hoyo y metió las caja dentro, enterrándola.

Pensó que quizás otra desafortunada persona que también  encontró las bolas doradas,  hizo lo mismo que él y las enterró donde él  las encontró, pero que esta vez esperaba que nadie la encontrara otra vez.

Regresó a la aldea de los “hombres que siempre sonríen” y ya si eran todos los que sonreían otra vez.

La bola dorada que se quedó, la traspasó con un pelo de caballo y se la colgó al cuello, cuando le preguntaban  qué significaba, el respondía:
-         Es para que me recuerde algo que no debió de suceder.



domingo, 31 de julio de 2016

Testimonio de un minimalista



Comencé con el minimalismo como una venganza contra el sistema que me descartaba del sistema productivo y de consumo.

Aunque era una reacción humanamente comprensible, no era buena para mi espíritu y desarrollo como ser humano, pues era un sentimiento de venganza.

Sí eran buenas sin embargo las acciones emprendidas: la austeridad implementada por ejemplo.

Trajo orden en el caos del día a día, ajustó las necesidades a las reales y me liberó de las cadenas de necesidades falsas, implantadas por otros intereses ajenos a mi felicidad.

El uso de técnicas de reciclado obligado, hizo que creciera en el poder de la reflexión y de la inventiva.

Analicé, comparé y busqué en libros y escritos antiguos, experiencias similares, y en todos los tiempos las cadenas eran similares y las consecuencias parecidas.

No son un error de ahora, es un error sin tiempo definido, es viejo  como el hombre mismo.

No hemos cambiado nada, solo lo hemos modernizado algo, y al cometer las mismas acciones, obtenemos los mismos resultados.


He sido testigo del amor entre tres amigos, se reúnen y se intercambian regalos (los tres cumplen años en el mismo mes) la escena es de lo más entrañable, intercambio de presentes y de abrazos.

Nada que objetar, es bueno y agradable el evento, pero lo curioso es el pensamiento que me suscitó la escena.

Yo, que no estaba implicado y era solo un observador, cuando observé los regalos (dos libros de gran presencia por su encuadernación, no conozco el contenido y no puedo valorar eso, y una magnífica foto en blanco y negro,  enmarcada) me vino un pensamiento, en una rápida imagen vi como se trocaban  los regalos en sendos grilletes pulidos y con arabescos de adorno, pero grilletes, cadenas que arrastrarían toda la vida.
Cuando pasen años, esos regalos estarán ahí, ocupando un espacio, sin ninguna posibilidad de deshacerse de ellos sin daño, en las frecuentes migraciones que éstos tres amigos harán previsiblemente en el futuro, esos regalos manifestarán toda “su presencia”.

Cada regalo que aceptamos, es un hilo que te sujeta como las finísimas cuerdas con que ataban a Gulliver  en el país de los enanos, una sola la puedes romper, muchas te inmovilizan.

Entre otras consideraciones, ésta es una por la que he roto personalmente con los regalos físicos, mi experiencia (ya contada otras veces aquí) con las cadenas físicas que arrastro, es el motivo de mi radical y no siempre completamente entendida, aunque sí aceptada, pues el quedar liberados de hacer gastos tranquiliza mucho y anima a “comprender” al prójimo.

Sé de personas que han adoptado un sistema alternativo, curioso aunque algo complejo: “El regalo regalado a su vez”.

Esto consiste (sin complejo ninguno, aunque manteniendo el secreto entre implicados) en regalar esa “cadena de regalo” a otro, con lo cual te desprendes de ella y quedas bien con otro.
Pero hay un pero, si por casualidad te pillan, estás perdido.

También puedes hacer como la persona que me inspiró: “Es que  en ese momento estaba pasando por unos momentos terribles de penuria económica, ¡No sabes cuanto me dolió desprenderme de tu regalo!

domingo, 17 de julio de 2016

Arma letal




https://www.google.es/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwiIwZ2KoPrNAhVBvBoKHRgbAkgQjRwIBw&url=http%3A%2F%2Fwww.clasf.co.ve%2Fq%2Fvigas-doble-t-de-8-cm%2F&psig=AFQjCNGloDCTjqQ01RIczTFKQQD4drUrXg&ust=1468836341907717


Hoy me he levantado con un dolor punzante en la espalda, lo achaco a un “gas” interno que anda presionando en busca de salida (que espero que la encuentre pronto).
 Los olores como el resto de sensaciones  del cuerpo (incluido el dolor) nos retrotraen a periodos pasados donde sufrimos parecidas sensaciones, éste hoy me retrotrae a un pasado lejano ya, los 18 años recién cumplidos, cuando me incorporé al departamento de cerrajería de una empresa multidisciplinar.
Era yo por entonces un joven dispuesto, pero blando de músculo, dado que el único deporte que hice fue el jugar en el barrio con los niños, y mis trabajos anteriores fueron menos exigentes con esta necesidad de músculo.

Me asignan como ayudante de un hombre de aspecto simiesco, de largos brazos y occipucio plano (era una característica muy repetida esta del occipucio plano) era un tipo muy productivo, al que apodaban “el hombre máquina” (de ahí su apodo), se decía que donde había un duro hasta el pellejo se dejaba por conseguirlo.
Es curiosa la percepción de la gente para  los demás, les suelen medir con su propia vara, esto le lleva a equivocarse bastante.
¿Acaso sabían de las necesidades económicas de aquel hombre?
¿Conocían de antemano sus problemas personales?, el hombre maquina vestía pobremente y no tenía ningún signo de lujo como un buen reloj o unos buenos zapatos. También podía ser que sufriera algún tipo de anomalía mental, tal que una avaricia incontenible… pero esto ya son especulaciones que no podemos probar, creo que posiblemente eran crueles e injustos con él.

Me asignan como su ayudante como he dicho, trabajo fino, teníamos que enderezar varios camiones de vigas doble T de 150mm.
Me ordenan que vaya al almacén y saque un porrillo de 9.
El hombre del almacén me entrega un mazo de esos de romper aceras.
- ¡Oiga le he pedido un porrillo de 9! le reclamo al tío del almacén.
- Esto es un porrillo de 9.
Miro el mazo y pone: tara 9 kilos.
Me largo con el mazo, cuando estoy en el tajo se lo largo al oficial y le digo:
-Tenga, el porrillo que quería.
- No, ese es para ti, donde yo golpee con mi martillo, golpea fuerte con el tuyo.

El oficial golpea la viga con un martillo pequeño que no debía de pesar más de 300 gramos y yo golpeo con el mazo.
- ¡Mas fuerte niño!
- ¡No puedo mas! exclamo extenuado.
Seis horas más tarde (o dos camiones de vigas más tarde), apenas tengo fuerzas para sonarme la nariz.

El mazo aquel, al golpear la viga, rebotaba y subía a veces sin control yendo a parar a mi ya castigado hombro, agravando el problema.

El castigo duró tres días, no lo debí hacer lo suficientemente mal, puesto que seguí de "machaca" de aquel animal.

Sobre-montantes, puertas, dinteles y soldaduras varias.
Han pasado meses de trabajo “fino”, lo único que he ganado es musculatura, casi me tienen que declarar "arma letal" el cambio significativo es que dejé los sándwich por los bocadillos mas consistentes.

El trabajo en ese departamento era de los más duros de la factoría (lo sé porque pasé por todos ellos).
¡Cuantos recuerdos atesoro de entonces!
Es curiosa la memoria del hombre, incluso las penalidades se subliman con el tiempo, lo que ayer nos espantaba, hoy nos arranca una sonrisa.

Lo que sí saqué son (además de músculo) enseñanzas de vida, para una vida que acababa de empezar, que partía de una mente virgen que se iba a forjar en aquellos momentos.

jueves, 14 de julio de 2016

Sectarismo aplicado.



Uno de lo defectos más  perniciosos de la sociedad es el sectarismo militante, uno lo puede intuir, pero sólo cuando lo padeces en persona, es cuando te das cuenta de la gravedad y trascendencia de éste defecto.
La lección magistral, me fue administrada hace ya bastantes décadas.
Os lo cuento tal como me sucedió cuando era un joven trabajador que creía en la bondad de la gente y estaba lleno de ilusión y algo temeroso ante la nueva experiencia que suponía el entrar en una factoría de primer orden con miles de empleados.

De cuando me confundieron con otra persona.
Recién ingresado en plantilla me presentan a mis compañeros de taller... no ha pasado ni siquiera un mes, y mis colegas son de lo mas amable que se pueda pedir.
Se afanan en enseñarme, los jefes me dan trabajos cómodos y muy rentables, en la hora del bocadillo rivalizan mis compañeros entre ellos para que me siente a su mesa, a la hora de pagar el café, siempre me lo encuentro pagado, esto dura ya dos meses.
Un día comienzan también a interesarse por mi padre, que como le va en el trabajo, etc.
Una de las veces al contestarles que ahora estaba durmiendo, me dicen que si ahora trabaja de noche.
- Siempre trabaja de noche, les contesto, (mi padre trabajaba de panadero y el trabajo siempre era de noche).
- ¿Como es posible? si nunca le gustó.
En días sucesivos me preguntan directamente como se llama mi padre, se lo digo y me contestan:
 - ¿No vives en la calle tal?
- No, nosotros siempre hemos vivido en la calle tal cual.
- ¿Pero tu padre no es de Guadalajara?
- No mi padre es de Granada...
Fin de todo lo que se dio...

Desde ese momento el café me lo pago yo, la mesa me la busco yo, y de enseñanza, ayudas y trabajos cómodos y rentables nada de nada.
Parece que me confundieron con el hijo de alguien, pero el cambio fue tan brusco, pasaron de camaradas a casi enemigos.

Han pasado muchos años y el lugar de estos acontecimientos ya no existe, “una ciudad de 5000 habitantes” que conformaba esta factoría.
¿Qué pasó?
No fue una tormenta ni un sismo, murió de una enfermedad que se contrae al ser sectario hasta el extremo que  lo era, murieron de “endogamia”.
Al excluir a todo el que no era de su secta, formaron un batallón de contrarios desafectos a su secta, y éste fue el comienzo de su fin.

lunes, 11 de julio de 2016

Minimizando el Ego





He notado que todos (incluidos los minimalistas) tenemos un ego desmedido.
Como personas normales que somos los minimalistas, también disponemos de eso, y en cantidad.
Constato como hemos minimizado mucho en nuestra vida, somos o vamos camino de ser más felices que lo normal debido a la minimización o austeridad en la posesión de las cosas y en el desapego a las cosas.
Pero…
Me doy cuenta que algo está creciendo por encima de lo permisible, al menos de lo razonable; que le crezca a quien no es minimalista, es un daño colateral de ser compulsivo en el poseer, pero que le crezca a un minimalista, eso es algo que nos debe alarmar, tenemos que domeñar ese crecimiento exponencial de nuestro ego.

Todos deseamos tener buena reputación pública, ser amados, seguidos, tenidos por unos “gurús” del minimalismo, y para ello algunos adoptan técnicas de marketing en sus listas de correo, como mandarte una entradilla y un enlace al sitio original, como forma de crear tráfico a su sitio, que es igual a que aumente la reputación de ese sitio web, es decir que alimente el EGO.

Debemos practicar la generosidad para  con los demás, dando gratis lo que gratis hemos recibido. Sí, lo recibimos gratis cuando nuestro discernimiento nos dio ese conocimiento de las bondades del minimalismo, conocimientos que nos fue legado por inspiración o por mimetización de otra persona que lo hizo antes que nosotros.

Si nos “alimentamos” de seguidores, de entradas a nuestro sitio web o de los comentarios en el post, nos estaremos fallando a nosotros y a nuestra “inspiración”. Que nos aumentan los seguidores, ¡magnifico! Que nos entran muchos, ¡mejor! Pero que sea por el contenido fácilmente asequible y “gratis”, que no tenga que pagar con un “clic” en nuestro sitio web, o al menos que eso no nos importe.

Por lo dicho:
·       Rechazo el correo que solo es una entradilla al sitio web al que me suscribí.
·       Y para mantener mi ego en su tamaño recomendable, seguiré mandando a mis suscriptores por email la entrada completa (incluida foto si la hay) aunque ello me reste entradas a la página.

Tanto están proliferando estas formas de suscriciones con “trampa” que están dando mala fama a las suscriciones por correo.
Si te suscribes a mi web por correo, ten por seguro que te llegará TODO íntegro. 
Siempre mi Ego se alegrará de tus comentarios, seguimientos o entradas, pero no temas, yo me alimento de otras cosas también.

viernes, 1 de julio de 2016

6º Aniversario de La Tribuna de Ávalon.





En este mes y año, el blog La tribuna de Ávalon cumple 6 años. Es y ha sido un diario veraz sobre la vida de autor en el trozo de sociedad que le ha tocado vivir, trufada de acontecimientos y eventos de calado algunos.
Partí desde una situación económica de exclusión forzada, fui arrojado por la borda del navío productivo, pero la paradoja es que fui “muy productivo”.

Alguien dijo que lo importante es el cómo te levantas.

Génesis:
Pasé por varios periodos:
Por el de militante o activista en busca de la inexistente justicia social hacia el colectivo “invisible” de los parados, participando activamente en todo lo que estaba a mi alcance en el objetivo de “hacer visibles” a los desempleados, incluso tuve la ilusión de poder convertirlos en un grupo de presión, para lo cual traté de usar los medios de las redes en internet con ese fin, de ahí mis intervenciones en distintos foros de desempleados y la estrella entre ellos que fue “Paradópolis[1] la ciudad de los parados” en la que fui miembro destacado.
Todo ese periodo es digno de estudiarse desde la sociología, los comportamientos, las reacciones y todo lo que implica el estar en esa situación tan destructiva por sí misma para la persona, la familia, la sociedad y la propia nación.
Aquella situación, me llevó hasta profetizar con gran acierto, viendo lo acertado de lo profetizado y los resultados[2] media década más tarde, me place el volver a publicitar en twitter artículos pasados que vienen “al pelo” en la actualidad.

Derivas y evolución:
El blog que es reflejo mío como diario de abordo, ha ido evolucionando, tomando derivas que claramente se notan, todo corresponde a la edad vital del sujeto y la forma en como se implica en el momento.
Crezco (el blog y yo mismo) en profundidad y reflexión trascendente. Lo mundano pasa a un segundo lugar, lo que antes era importante, de primer orden, ya no lo es, pasa a ser accesorio, incluso prescindible en muchos casos.
Ante la tozuda realidad vital de exclusión del sistema productivo, y como consecuencia de la escasa economía disponible, me veo obligado y evoluciono en “minimalista” y añado “sobrevenido” por estar obligado por las circunstancias.

Haciendo una lista de las derivas más visibles, sería:
·       Activista[3]
·       Minimalista
·       Y el encuentro con Jesús, años más tarde.

De mi sueño de activista de lograr crear un movimiento de presión con los desempleados, solo queda ceniza y decepción. La condición humana es perdedora por su egoísmo que raya en lo suicida.
Tendremos que mirar algunos escritos de mi cosecha en el que nos enteramos de cómo se llega a esto: ¿Por qué no se organizan los parados?[4] Y una serie bastante interesante sobre el tema económico.

Es muy difícil el hacer un resumen representativo, pues ¿Qué parte de nuestra vida nos representa? Pienso que tendremos que ver la película entera para intentar el resumen, y  las cerca de medio millón de palabras que llevo escritas nos dan un avance solo hasta ahora.

Pasé del activismo al minimalismo de manera suave, obligada y reflexionada. La reflexión iba encaminada a lograr la supervivencia, pero al mismo tiempo se convirtió en una acción militante de protesta contra la sociedad que me descartaba, de ahí algunas reflexiones al respecto[5].

El navío España soportó el temporal del momento, y nosotros (el blog y yo) entramos en una etapa de minimalismo, que ya no era sobrevenido, ya formaba parte de una filosofía que fue interiorizada, fue el músculo que se precisaba para encarar lo que vendría a continuación en el escalón evolutivo.
En la nueva etapa ancladas en las entradas etiquetadas como minimalismo, 90 hasta ahora, camino sin darme cuenta a un nuevo estadio mental, es la fusión de todas las experiencias pasadas y de sus acontecimientos reflexionados.
Me doy cuenta del gran alcance que tienen mis reflexiones en lo personal y en lo colectivo. Pretendía al principio ser “el altavoz de los sin voz” y acabé siendo su profeta, para pasar a pretender ser su “entrenador” en la navegación. Muchos fueron los llamados y pocos los que escucharon y atendieron.
Lo hice por medio de plataformas de internet como el Twitter y la plataforma de Google.
Paradopolis cayó en “barbecho” y aún sigue estando presente aunque ya no participe en ella.
Me entero estudiando estadísticas que diferentes personas que me siguen, están de manera selectiva interesadas en materias diferentes y tomo una decisión al respecto: “las colecciones”[6].

Colecciones de G+:
·       Espiritualidad
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Más las que vaya añadiendo, no están todas las entradas, que sí están en el blog nodriza.
Creé una comunidad, la llamé “Minimalismo para sobrevivir en la sociedad[7] que no fue su primer nombre, cosa que cambié para adaptarme mejor a su desarrollo, una comunidad privada que se entra por petición de invitación, tiene su éxito, no tanto en el participativo como por su poder de reflexión, y está actualmente enfocada al entrenamiento de los descartados por el sistema productivo para que tengan nociones y puntos de vista que les permita reflexionar para la propia acción salvífica de su estado socio económico del momento, algo así como “ir a un gimnasio de posibles descartados”.
El éxito más notable es el que  compañeros entren en diálogo privado conmigo por chat en las cuestiones que le interesan saber y no publicitar al resto.
Esto me lleva a extrapolar el experimento al blog nodriza, que le haré “ciertos cambios de apariencia en contenido” donde ofreceré a todos los que lo deseen la misma herramienta en directo por medio de chat de G+, para lo que deberán tener un perfil en G+ que es la herramienta que uso, el cómo y cuando se podrán hacer debido a los diferentes usos horarios, lo veremos según la marcha del experimento. Creo que el chat es mejor por instantáneo, al menos  más práctico que el email (que no es descartable en ningún caso).
Si alguien sugiere otra manera, estoy dispuesto a pensarlo.
De momento el Skype  lo descarto por diferentes motivos que tengo reflexionado bastánte.
Encuentro con Jesús:
Del encuentro con Jesús, es decir mi toma de conciencia al respecto, comenzó su génesis como cuento en una entrada[8] que su referencia la podréis ver en NOTA del autor 
Además tuve la dicha un tiempo después, de tener varias veces lo que llaman “una experiencia mística”, algo muy difícil de explicar a las personas. Lo curioso del momento, aparte de la felicidad y serenidad que tengo, es que mi estudio constante me está llevando a colegir, es decir a sacar consecuencias, que me reafirman en mis primeras reflexiones  de activista y minimalista, estoy sacando muchas similitudes entre lo reflexionado en la práctica como “descartado” de hace una década, cuando la espiritualidad me era ajena (o eso creía yo) y libros antiguos. Como ejemplo decía yo en la entrada “Por qué hay paro masivo” –El paro es anticapitalista. Y lo argumentaba; años después, en mis estudios de la Biblia leo un proverbio de Salomón que dice: “La hacienda del rico es su fortaleza, la miseria de los pobres, su ruina. Proverbio de Salomón 10, 15.


 








[1] La ciudad de los parados http://www.paradopolis.es/foro.php

[3] consultar las etiquetas en el blog
Y todas las etiquetas que describen algo como reflexión, opinión etc.